lunes, 26 de noviembre de 2012

La brilla de una estrella

Una vez, a principios del siglo XX, encima de las altas montañas de Transylvania, allí donde la flor alpina florece.
Brilló una estrella
Dilucidando al mundo durmiente, la felicidad por su luz transmitida a una familia pobre.
Nació un niño
En el bautismo, los padres por honor al primer Príncipe Húngaro, lo nombraron GÉZA. Ya se sentía el fuego en Europa (la primera guerra mundial). Era una familia pobre, pero la más Feliz de todo el Mundo El 4 junio de 1920, en el Palacio de Trianon en Versailles firmaron entre Los Aliados y los Poderes Asociados, por una parte, y Hungría por otra parte la conclusión Del Reino de Hungría, esa Histórica Hungría que en ese Tiempo ya tenia 920 años y le sacaron mas de medio de su Territorio. Obligando a mas de 3, 3 millones de compatriotas húngaros, a quedar Fuera de la Frontera.

Empezó la migración, quien podía abandonar ese territorio se apresuro a vivir en la Madre patria, en Hungría lastimada.
La familia en ese tiempo abandono a Transylvania (Erdély) y empezaron a vivir en Budapest. El nivel de vida postguerra fue atormentador.
El Año 1925 fue trágico, murió Ferdinand Nándor, dejando a su familia en un mundo tan cruel, tan desesperado. Y dejando una enorme carga a su hija Helena y a su hijo Nandor quienes tenían que mantener a la familia.
Y el pequeño Géza, quien simplemente – con sus 8 años, aún no comprendía nada.
Su inocencia infantil y con la limpieza de su alma, era capaz de percibir lo hermoso, sólo vio que había un problema, - un problema grande, pero no era capaz de entenderlo. Se alegró sobre las nubes, el cielo, sobre las flores. Se alegró por todo el mundo.
Nándor, no podía vivir en esta nueva patria. Helena lo entendió, pero no lograba aceptarlo. Mal psíquicamente, y totalmente sola, pagando el precio de esfuerzos amargos, e intentando proveer a Géza.
La estrella se desvaneció, perdiendo su luz
Después de la, II. guerra mundial en Budapest comenzó la reconstrucción. Toda la gente y cada una y ellas con la felicidad destrozada, limpió las ruinas. Géza también entre ellas ayudó desde el lugar donde él podía, el entusiasmo le alcanzó y aún sufriendo tanto, estimuló a sus compatriotas.
Alla …, en ese momento, vio una pequeña muchacha cantante con el pañuelo en su cabeza marrón, limpiando los ladrillos y poniendo uno a uno encima del otro.
La miraba a lo largo de varios minutos, - mientras la muchacha lo notó, y levantó su mirada.
Miro con los ojos marrones, risueños y claros.

Sintió que una estrella destelló otra vez, era su estrella, que brillaba otra vez- allí encima en el cielo oscuro

Piroska, Géza, y Helena, quien fue simplemente, como mi pequeña madre. El afecto mutuo, el aprecio, el orgullo y la gratitud, un heredero letón es común en su casa. Helena estaba orgullosa de Géza. El ex-pequeño muchacho diminuto y ver que su hermano creció por suerte y por quién se sacrificó a favor de él, su juventud, su vida.
Piroska sintió mucho aprecio por Helena, porque lo levantó y no permitió que Géza fuera un pequeño perdido en el mundo.
Allí el desconocido, con misterios en una altitud llena, ya dos estrellas brillaron encima en el cielo, otra vez transmitiendo la felicidad a la familia.

Helena N.

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